Números

He empezado el año haciendo números. Si uno lo analiza fríamente, en estos tiempos que corren, las vidas propias y ajenas se podrían enumerar en una serie de situaciones, eventos, o convencionalismos, que se repiten año tras año… hasta que se recibe la visita del señor de la guadaña. Por tanto, haciendo números, al menos a mí me sale el siguiente balance a lo largo de una vida media (tras la crisis, se queda en media tirando para lo bajo) española, no en orden cronológico:

– Número de Navidades, con sus empachos consiguientes, más peleas familiares con sus desencuentros posteriores.

– Número de Fines de Año, con sus empachos consiguientes, más 12 uvas, más cosas que hiciste muy borracho y de las que te arrepentirás el resto del año, a veces el resto de tu existencia.

– Número de veces que dices (o te dicen) eso de: “A ver si este año va un poco mejor la cosa”, aunque sepas que va la cosa va a seguir como siempre.

– Número de veces con la que rematas (o te rematan) la frase anterior con el latiguillo final “aunque luego todos los años son iguales”.

– Número de veces que lees en las redes sociales que para los demás ha sido un año maravilloso, así que deseas que les salga una joroba con pelos al final del siguiente.

– Número de regalos de Reyes que recibes, aunque casi nunca aciertan, pero no puedes disimular tu reacción al verlo, así que te dicen eso de: “Siempre puedes cambiarlo”.

– Número de regalos de Reyes que haces, aunque casi nunca aciertas, pero ves la reacción del otro, así que entonces dices eso de: “Siempre puedes cambiarlo”.

– Número de roscones de Reyes (con o sin nata) que te zampas, más el número de veces que te toca el regalo, los cuales coleccionas sin saber muy bien por qué en un cajón lleno de trastos que tampoco sabes muy por qué están ahí.

– Número de rebajas de enero en las que te dejas parte de la nómina en ropa que luego no te pones, así que la acabas acumulando en el armario, para finalmente llevarla a Cáritas, consiguiendo de esta forma ser “mejor” persona.

– Número de rebajas de verano en las que te dejas parte de la nómina en ropa que luego no te pones, así que la acabas acumulando en el armario, para finalmente llevarla a Cáritas, consiguiendo de esta forma ser “mejor” persona.

– Número de cumpleaños propios que celebras, donde te gastas un dinero invitando a los amigos, que te traen los regalos comprados a última hora, por lo que habitualmente no aciertan, pero terminan diciendo eso de: “Siempre puedes cambiarlo”.

– Número de cumpleaños ajenos a los que acudes, tras comprar el regalo a última hora, por lo que habitualmente no aciertas, pero terminas diciendo eso de: “Siempre puedes cambiarlo”.

– Número de trabajos por los que pasas donde generalmente te quejas de lo poco que te pagan, algo especialmente cierto si vives en España, aunque alguien te dirá eso de: “No te quejes, en algunos países no tienen ni para comer”.

– Número de veces en los que un responsable (o ejecutivo) de empresa muy grande para la que trabajas, os reúne a ti y a tus compañeros para decir eso de: “Vengo a tranquilizaros porque todo va a seguir igual que siempre”… Y una semana después la mayoría está en la calle. 

– Número de trabajos de los que te despiden, entonces el último día tus compañeros te hacen un regalo y te dicen eso de: “Seguro que sale algo”.

– Número de despedidas de otros compañeros de trabajo a los que han despedido, pones para el regalo, y en sus últimos días les dices eso de: “Seguro que sale algo”. 

– Número de veces que pides el paro y el número de veces que en tu oficina de empleo oyes ese insoportable sonido que hace la máquina donde salen los números  de espera.

– Números de boletos de la lotería de Navidad que compras en el trabajo, acompañándolo con eso de: “¡Este año toca!”, aunque sabes que nunca va a pasar por mucho que implores al Señor, especialmente si eres ateo. 

– Número de veces que haces la declaración de la Renta, pero eres consciente de que te morirás sin entender una mierda de lo que rellenas. 

– Número de vacaciones de Semana Santa que te vas de viaje… y siempre hace muy mal tiempo.

– Número de vacaciones de verano donde te dejas la paga extra en un viaje del que nunca regresas satisfecho—básicamente porque acabas odiando a tus acompañantes tras estar tantos días juntos—, pero siempre dirás eso de: “Bien, muy bien, estupendas, la verdad”, además de enseñar fotos a tus compañeros de trabajo, que en el fondo le importan un huevo porque te tienen envidia al no haberse podido marchar ellos a ningún sitio, básicamente porque se han gastado la paga extra en  la rebajas de verano. 

– Número de mudanzas propias en los que pierdes amistades diciendo eso de: “Si te pueden echar una manita”. 

– Número de mudanzas ajenas en los que pierdes amistades donde te dicen eso de: “Si le puedes echar una manita”. 

– Número de veces que pensaste que habías ligado, así que lo cuentas como tal. 

– Número de veces que un morreo con magreo se convierte en un polvo salvaje.

– Número de veces que piensas que has ligado, pero realmente quién interesaba era tu amigo.

– Número de veces que escuchaste eso de: “Me río mucho contigo”, pero no esperes más.

– Número de veces que escuchaste eso de: “Me lo paso muy bien contigo”, pero no esperes más.

– Número de veces que sales con un amigo que acaba follando, y tú no.

– Número de veces que sales ¡¡por fin!! sin ese amigo que siempre acababa follando (básicamente porque se ha casado y también acabará follando, pero no sólo con su mujer…), pero ahora tienes un nuevo amigo que acaba follando, y tú no. 

– Número de veces que por fin ligas, pero te haces el tonto, o lo que es peor, no te enteras.  

– Número de veces que escuchas eso de: “¿Y no te la follaste?”. Y si no lo hiciste, entonces escuchas eso de: “Yo no lo hubiera dudado”. 

– Número de desengaños amorosos que te dejan hecho polvo, donde el amigo/a comprensivo/a te dice eso de: “Ya sabes, esto es poco a poco, el tiempo lo cura todo”. 

– Número de veces que un desengaño amoroso deja a un amigo/a hecho polvo, entonces tú comprensivo le dices eso de: “Ya sabes, esto es poco a poco, el tiempo lo cura todo”. 

– Número de veces que tienes un gatillazo, pero no te lo explicas, así que lo tratas de explicar… y quedas mucho peor.

– Número de veces que escuchas a otros decir eso de: “En mi vida he tenido un gatillazo”.

– Número bodas de familiares –o amigos— a las que acudes, más los dineros que te dejas en regalos, más los bailes desatados que haces pensando en que esa noche mojas, pero sólo acabas con una resaca calidad Premium.

– Número de bodas propias (si de diera el caso), más el dinero empleado en arruinarte con el banquete (y fiesta posterior), donde pides ayudas a tus padres, o suegros, así que ya estás atrapado de verdad de la buena. 

– Número de divorcios o separaciones. En estas situaciones hay dos supuestos: En caso de tener hijos, el dinero que te gastas en abogados por la custodia, que seguramente perderás. En caso de no tener hijos, el dinero que te gastas en todas las páginas de citas en Internet que hay en la Red para recuperarte. A eso se añaden (de nuevo) los amigos que pierdes al decirles eso de: “Que te echen una manita” con una nueva mudanza, pero ésta vez de urgencia, algo que jode más. 

– Número de deudas que no te acabas de creer que has podido acumular a los largo de tu vida, sin darte cuenta que todo empezó con aquella guitarra eléctrica que nunca tocaste. 

– Número de entierros, velatorio o funerales a los que acudes, que son de familiares (o gente muy cercana) de amigos tuyos en los que acabas diciendo eso de: “Ya sabes, esto es poco a poco, el tiempo lo cura todo”. 

– Número de entierros, velatorios o funerales de familiares (o gente muy cercana) propios, donde los amigos te acaban diciendo eso de: “Ya sabes, esto es poco a poco, el tiempo lo cura todo”. 

– Número de veces que gente que lo está pasando mal en general, les acabas diciendo eso de: “Ya sabes, esto es poco a poco, el tiempo lo cura todo”.

– Número de cuñados (y cuñadas) que se cruzan en tu vida, a los que si pudieras los asesinarías. 

– Número de veces que dices o te dicen en un ascensor (o en una barra de bar) eso de: “Se ha quedado buena tarde”.

– Número de veces que dices o te dicen en un ascensor (o en una barra de bar) eso de: “Por la noche siempre refresca”. 

– Número de veces que dices o te dicen en un ascensor (o en una barra de bar) eso de: “Dicen que va a llover”.

– Número de veces que dices o te dicen en un ascensor (o en una barra de bar) eso de: “Hace mucho calor, pero por las noche refresca un poquito”.

– Número de veces que dices o te dicen en un ascensor (o en una barra de bar) eso de: “Esto es como todo”.

– Número de veces que dices o te dicen (o en una barra de bar) eso de: “¿Viste el partido de ayer?”.

– Número de veces que dices o te dicen en un ascensor (o en una barra de bar) eso de: “Ya lo decía yo”

– Número de veces que las has cagado, y siempre habrá alguien cercano para decirte eso de: “Mira que te lo dije” 

– Y finalmente, cuando sea tu entierro, velatorio o funeral, número de veces que a tus amigos y familiares les dirán “No somos nadie”, añadiendo eso de: “Ya sabes, esto es poco a poco, el tiempo lo cura todo”.

 © Gonzalo Visedo 

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Un comentario

  1. Jijiji. La vida misma.

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