Memorias de un hombre que lee en el wáter

Lugar: El baño, el wáter, el retrete, el aseo, el trono, el excusado, etc, etc
Fecha: Todos los días, salvo estreñimientos
Hora: Primera hora de la mañana y, a veces, a media tarde.
Protagonistas: Periódicos, revistas, tebeos, libros, folletos, lo que se tercie, mientras se pueda leer.

Cada día estoy más convencido de que el mundo no se divide en gente de derechas o izquierdas, creyentes o no creyentes, del Madrid o del Barça. Esas son gilipolleces, nimiedades si me apuran, males menores de este mundo cruel. Realmente hay una división más importante que define la humanidad y la forma que tiene de afrontar y ver la vida. Seamos honestos por una vez, la población se reparte entre los que llevan lectura al wáter y los que no. Voy a sacarles rápidamente de dudas, les voy a decir en qué lado de la trinchera me encuentro, no me quiero quedar a mitad del río tratando de entender a las dos partes en conflicto. ¡Nooo! ¡¡¡YO leo en el wáter!!!… Ale, si no lo digo, reviento, ejem, quicir.

Para mí es uno de esos placeres de la vida que lamentaré cuando la Parca llame a mi puerta para saldar cuentas, salvo que en el Paraíso, Infierno, o la Nada, me lo dejen practicar, de lo que tengo serias dudas. Sí, he leído, leo y leeré en el retrete. Cuando siendo niño mis orejas tamaño Dumbo parecían que iban a echar a volar, ahora que estoy en plena madurez y me salen pelos en lugares cada vez más inesperados, y en una futura vejez (esperemos que no inmediata) cuando me cuelguen los pliegues de las carnes por casi todas las partes de mi cuerpo y una sexy enfermera tenga que levantar por mí la tapa del inodoro.

De hecho, creo que he pasado más horas leyendo en semejante lugar que en bibliotecas, y eso que también he sido habitual de éstas últimas, así que calculen el tiempo gastado enriqueciendo mi sabiduría en el excusado. También viajando he sido lector en todo tipo de baños: desde buenos hoteles con spa y sauna, donde dan ganas de echarse a dormir la siesta en el suelo, hasta en agujeros infectos plagados de seres alados con ganas de morder nalgas, allá en lugares perdidos de África. Incluso en esos sitios poco recomendables, iba con la linterna y algo bajo el brazo para leer, por si las moscas, nunca mejor dicho.

Ya, ya sé que a muchos y muchas de ustedes ese comportamiento les parece deprimente, diría que incluso asqueroso. Consideran que ir de vientre, cagar, defecar, jiñar, evacuar, explotar, asomar el muñeco, plantar un pino, soltar lastre, liberar a Willy, quitarse un peso de encima, dejar una boya, tener a Carl Lewis pidiendo pista, arrugar la cara, sacar lo mejor de uno, tener al enemigo a las puertas, o las metáforas que ustedes gusten (ejem), debería ser sólo un mero cumplimiento biológico, un trámite cotidiano más de esta vida nuestra, como si fuera algo burocrático, una gestión diaria a liquidar rápidamente. De hecho, cuando veo que alguien va al baño, y regresa en dos minutos, como si fuera un funcionario sellando unos papeles, me pongo muy nervioso. Por eso esto es una guerra cruel con dos bandos bien definidos e irreconciliables, y yo me considero un sectáreo, un fanático, un talibán de mi asquerosa causa ¡¡¡Venceremos!!! ¡¡¡Hasta la vitoria SIEMPRE!!!

Guste o no, de cagar nadie se escapa, del Rey al Papa, del pijo borjamari al perroflauta con cresta, del tío más feo a la tía más guapa; es probablemente el acto más democrático del mundo, donde todos se ponen de acuerdo. Por tanto, por qué no acompañar hecho tan insigne con otro de los grandes placeres de esta vida: la lectura. Casi debería ser una ideología, una forma de ver el mundo, un lugar donde tomar decisiones, un espacio de reflexión, un rincón donde relajarse, un refugio donde ocultarse.

Por mi trono, desde niño, han pasado las mejores lecturas: me partí el ojal (ejem) con las aventuras de Mortadelo y Filemón, disfruté de las trastadas de Zipi y Zape, me apasioné con las aventuras de Los Cinco, más tarde con Sandokan, descubrí toda la Segunda Guerra Mundial en una enciclopedia por tomos, me convertí en un tintinófilo apasionado; ya adulto, empecé a repasar la prensa diaria, también la deportiva (para que nos vamos a engañar), las revistas semanales, las de opinión, las de humor, las de cultura, tontee con los clásicos, repasé guías de viaje,  me acojoné con Sthepen King, descubrí el cómic adulto con Alan Moore, y ahora me deleito con la ácida ironía de las novelas gráficas (así las llaman) de Guy Delisle y Paco Roca, éste último con un apellido que no puede ser más adecuado. Digamos que soy un hombre más cultivado, a la par que liberado, aunque para una parte de la sociedad seguramente sólo soy un cerdo maniático.

En una profunda investigación realizada sobre el motivo que nos lleva a algunas personas a leer en el baño, parece deducirse que al ser la lectura algo relajante, con ello se consigue no sólo distender la mente sino también todos los músculos del cuerpo, incluidos los encargados de los movimientos intestinales, entre los que se encuentra, como es obvio, el esfínter anal. Si es que son todo ventajas, amiguitos y amiguitas. ¿Es que no lo ven? Al igual que dicen lo sano que es tomar una copa de vino en las comidas, los médicos deberían empezar a dar prescripciones al respecto.

Henry Alford, un prestigioso columnista de New York Times, férreo defensor de nuestra causa, llegó incluso a redecorar el baño de su casa con una estantería encima de la taza del wáter donde tenía hasta 42 libros. Luego se empezó a  preguntar por qué demonios había hecho algo así, y se puso a indagar entre amigos que tuvieran lectura en sus baños. Debo decir que yo no llego a esos extremos, pero sí he comprobado que algunas casas de conocidos tienen en sus aseos cestos lleno de revistas, periódicos, libros, incluso tebeos eróticos… ya, ya… ya sé en qué están pensando, pero reconozcamos que el servicio también ha servido para ocultar otros placeres de la vida. Voy a ser sincero, cada vez que entro en un baño ajeno y me encuentro con algo así (es decir, lectura variada, no lo otro…) me parece el mejor gesto de hospitalidad que se puede tener hacia un visitante: pase, cague y lea a gusto, siéntase (ejem) como en casa, por el amor de Dios.

Dicen que incluso en tiempos difíciles los baños eran lugares seguros donde refugiarse de los censores, según leí en este magnífico artículo del siguiente blog (http://prodavinci.com/2013/06/29/actualidad/leer-en-el-bano-es-cultura-por-marco-aviles/), donde se cita a Henry Miller, que acudía al baño como único lugar seguro para poder leer clásicos prohibidos. Y nos podemos remontar al pasado ya que el hábito de leer y relajar el esfínter es algo que se practicaba en el Imperio Romano, como han demostrado  descubrimientos de bibliotecas en la ruinas de baños públicos.

En fin, podría estar hasta la eternidad exponiendo argumentos razonables a mi causa, así que termino afirmando que cuando entro en mi baño (sobre todo si vengo de un largo viaje, o una jornada agotadora) con algo de lectura, siento que es el equivalente al descanso del guerrero, el último refugio que queda para estar en paz con uno mismo, donde nadie te molesta, te perturba, te irrita; donde el silencio (si bien por las tuberías a veces llegan conversaciones de otros pisos) y la tranquilidad permiten que afloren las ideas (en mi caso algunas para mis guiones), los pensamientos y las ensoñaciones. El lugar donde descubrimos que somos un animal muy especial, para el que defecar y pensar, algo tan contradictorio, pueden llegar a unirse.

¡Que ustedes lo lean bien!… Vamos, ya me entienden.

© Gonzalo Visedo

Imagen

Leyendo por enésima vez “Memorias de un hombre en pijama” de Paco Roca.

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11 comentarios

  1. Miguel Ángel · · Responder

    Mire, señor Visedo, todo lo que sea leer es bueno. Incluso si se lee a Pérez Reverte o a Sánchez Dragó. Aunque estas lecturas, más que de váter, son para ir al váter, en mi modesta opinión.

    Dicen que en esta vida hay que intentar tener la cabeza despejada, la tripa llena y la espalda sin doblar. Me imagino que cuando usted salga del excusado (qué bonita palabra), hará todo lo contrario: vaciará la tripa, llenará la cabeza y doblará la espalda, sobre todo si el mejunje se resiste a salir.

    Le agradezco que la foto que ha puesto no sea de esas de pieses tipo instagram.

    Tenga paz y salud.

  2. Bueno, yo soy fan de columna semanal de Pérez Reverte, y además la leo en el wáter, para su desgracia… ya sabe que no me dejo llevar por ideologías en estas cosas del cagar y el leer… No crea el mejunje sale rápido, pero luego me quedo allá, relfexionando a la paz de deu.
    Pensé en sacar mis pies, pero era obvio el lugar, así que los evité como usté hace bien en agradecer…

  3. Yo no tengo estanteria en el baño,pero si dos o tres libros…vale y revistas…

    1. Hace muy bien…

  4. Yo también soy de leer allí.

    Es más, desde que no voy en metro se puede decir que es el lugar en donde más leo.

    Abrazos.

    1. El metro a veces huele a retrete… quizás por eso también sea buen sitio para leer.

      Un abrazo, hijo.

  5. Te dejas una subdivisión en el equipo : a) Lectura rápida y b) Lectura recreativa ( que suele ir acompañada de un” ¿Estás bien?” desde el otro lado de la puerta ). Además, hoy ya existe el “Water 2.0” : ¿Cuantos tweets, blogs y comentarios se habrán leído y escrito desde el WC?
    NB : la foto es dura. ; – )

    1. Cierto a lo del ¿estás bien?, aunque en mi caso ya nadie pregunta… qué triste.
      Sé que la foto es muy dura, pero podía ser peor, podían haberse visto los pantalones a la altura de las espinillas…

      1. Foto: Me lo imagino ( aunque no quiera) …Te agradezco el detalle de cortar en el tema espinillas…

  6. Interesante. Yo creo que si se realiza un estudio del porcentaje de personas que leen en el water y cuántas de ellas son tíos y daría que el 99% son tíos y el 1% son tías, o al menos en mi círculo de conocidos esas son las cifras. No sé porqué, sería cuestión de un estudio sociológico, pero casualmente la mayoría de los tíos que conozco disfrutan leyendo en el water …. Y las chicas, alguna sí, pero la mayoría somos de la parte pija de ir al excusado o a hacer de vientre … el tiempo justo como para no atufarnos con el olor ….

    1. Cuánta sabiduría perdida… cierto, pero son tus olores.

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